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Rutas por el Litoral
Punta Umbría, isla Cristina, Lepe o Ayamonte
De Mazagón a Niebla

De Ayamonte a Lepe 

Desde la playa de Isla Canela iniciaremos el paseo hacia Ayamonte en el que sin saberlo se tropezará con la Torre de Canela, antigua vigía y con el Mausoleo Romano de Punta del Moral.


Mucho que ver en Ayamonte, pero es recomendable la visita al Parador Nacional, desde su terraza las vistas al Guadiana y al Puente Internacional serán su primer contacto privilegiado con “La Luz” de la que presumimos. En ruta por la N431 hacia Isla Cristina y tomando el desvío hacia el sur Pozo del Camino, a no mas de 5 km. Tendrá que buscar allí el acceso al Molino Mareal, formidable ejemplo del aprovechamiento tradicional y sostenible de las marismas.

Ya está cerca del casco antiguo de Isla Cristina, Paseo y Plaza de las Flores, hacia el puerto pesquero. Si llega a buena hora, la Lonja le descubrirá el ambiente de uno de los puertos pesqueros más importantes de nuestro litoral, de no ser así pásese por los comercios de salazones, exquisitos y únicos. Tomando en la carretera costera (Hv 7006) el desvío a la Redondela, pasará por el enlace que le lleva al Palomar de la Finca Noble, inmenso.

Hacia el norte el enlace con la N-431 que le dejará en Lepe, campos de fresa y citricos, capital de la nueva agricultura onubense. Desde Lepe a las playas de Islantilla y la Antilla, internacional, moderna y golfista, la primera, cálida y familiar la segunda.

Torre del Catalán, hacia poniente y baño entre los 12 kilómetros de playa virgen naturista de Nueva Umbría. A su regreso parada y fonda, en cualquiera de los restaurantes tradicionales del antiguo puerto pesquero de El Terrón. 

De Cartaya a Punta Umbría

 

El castillo de los Zúñiga, origen de la población de Cartaya le regalará con los más bellos paisajes sobre el paso del Río Piedras y la torre de Cartaya, símbolo de la localidad.


En su camino hacia el sur (A-4106), la selecta urbanización de San Miguel, nuevo referente del Golf en la provincia a tres kilómetros del pueblo pesquero de El Rompido. La degustación de un buen pescado le preparará para las vistas de la Flecha de El Rompido desde sus miradores.

Las urbanizaciones de Nuevo Portil y el Portil, dotadas con novísimas instalaciones hoteleras y de ocio activo dan paso a la Reserva Natural de la Laguna de El Portil, acotada y acondicionada con senderos peatonales y miradores que le permitirán disfrutar de esta peculiar formación consecuencia de la interacción entre la duna, el mar y los arroyos.

Hacia levante la Playa de la Bota, tradicional y familiar para los onubenses, que se prolonga en las playas de los Enebrales y Mata Negra, de fácil acceso por pasarela y carril bici, mas apta para la tranquilidad que busca el naturista.

Termina nuestro paseo en el antiguo balneario británico de Punta Umbría, hoy animada playa familiar y activo centro turístico y pesquero.


El Condado de Norte a Sur

 

La torre gótico mudéjar de Nuestra Señora del Valle sería un buen lugar de La Palma del Condado para empezar a conocer esta ruta. Cualquiera de sus tradicionales bodegas o las más afamadas, redescubridoras del brandy predispondrán al visitante al paseo por Bollullos, la otra gran realidad vitivinícola del Condado que podrá comprender mejor en su Museo del vino.


Llegando a Almonte se llega a Doñana, al Rocío y al Atlántico. El centro peatonal de la villa descubre un activo pueblo blanco y cuidado. De especial interés, por ser la casa cada siete años de la “Blanca Paloma”, será la visita a la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. En la oficina local de turismo le darán cuenta de lo que le queda por ver. La aldea de El Rocío, alrededor del Santuario y su Venerada Titular, se presenta como la puerta de Doñana. La visita al Museo Histórico Religioso y un paseo por la rivera del arroyo de la Rocina le predispondrán para pasar directamente a conocer Doñana, en los centros de Recepción e Interpretación de La Rocina, el Acebrón o el Acebuche.

Sin dejar Doñana, Matalascañas ofrece todos los servicios de una urbanización turística costera. Tras la visita a su Parque Dunar déjese llevar del ambiente familiar, juvenil y desenfadado de esta playa.

 

Empezamos nuestra ruta por la playa de Mazagón desde la que nos orientamos en la dirección a Huelva. A escasos diez kilómetros ya y tras atravesar las lagunas de Palos y las Madres, es indispensable dedicar un tiempo específico al complejo de la Rábida , espacio en el que se gestó el descubrimiento de América. El significado y su profunda simbología lo convierten en lugar de peregrinación para todos aquellos que quieren pisar los lugares por donde pasearon Cristóbal Colon y los suyos antes de su primer viaje. Comenzará la Ruta Colombina que deberá obligatoriamente completarse en Palos de la Frontera que aportó la mayor parte de la marinería y Moguer.


“La luz con el tiempo dentro”, Moguer, tiene también el privilegio de ser la ciudad natal del Premio Nóbel Juan Ramón Jiménez. Su Casa Museo es parada obligada para admirar el espacio que dio lugar a la más importante obra poética del siglo XX. Indispensable el paso por el Museo de Arte Sacro del Convento de Santa Clara.

De camino a Niebla, atravesando San Juan del Puerto por la antigua carretera de Sevilla merece la pena desviarse para visitar el Dólmen de Soto, joya megalítica de primer orden. Terminaremos esta breve ruta en Niebla , recinto amurallado y alcázar, con un paseo por su trama urbana en la que descubrirá el ejemplo original de barrio andaluz medieval tantas veces imitado.

Moguer esencial : Juan Ramón Jiménez

Las esquinas de Moguer hablan con la voz de Juan Ramón Jiménez, en cada cruce de calles, en cada plaza un azulejo con poemas del poeta moguereño. En estas estelas se recuerda la peculiar perspectiva, intima, sencilla y tierna que el premio Nóbel tenía del lugar que le vio nacer, de las calles donde jugaba de pequeño, del lugar de sus retiros.

Más allá del reconocimiento oficial, de los actos del cincuenta aniversario de la concesión del premio por la Academia Sueca en el 2006, Moguer vive al poeta como algo propio, cotidiano, cercano.

No obstante para aquellos que deseen conocer con profundidad la vida y obra de este moguereño universal resulta imprescindible la visita a la Casa – Museo, un sobrio edificio del XVIII en el que está depositada la biblioteca del matrimonio Jiménez y sus muebles y objetos personales dedicado por completo a acercarnos al autor de “Platero y yo” y a su esposa Zenobia Camprubí, traductora al castellano del poeta hindú Rabindranaz Tagore.